El tiempo y el despacio.
Con esta celeridad crítica de temperaturas africanas, la irritabilidad avivada por el insoportable terral, viento abrasador que deseca hasta las buganvillas y evapora la liquidez, julio trae nuevas.
Ayer me encontré con una novedosa medida de estrés: el 1 accidente por kilómetro a la misma hora. Moto encima de coche, coche contra microcoche y dos turismos achuchándose en la rotonda de la Esperanza. Es decir un cruce y dos redondas como denominan en la Axarquía.
Chico Repullo competía en motos a toda pastilla hasta que se la dio. Desde entonces perdimos un piloto y ganamos un artista.
Su pasión por el motor le engranó de nuevo en la restauración de vehículos clásicos. La rehabilitación de algo bello y roto. Me encanta novelar e imaginar que mientras Chico enderezaba a golpe de martillo una vieja chapa o la pulía con la radial para sanear y soldar una hoja nueva, Chico se iba recomponiendo a si mismo y en esas tareas repetitivas, al ritmo de sus canciones preferidas iba adquiriendo la precisión y la maestría en el uso de las herramientas del escultor contemporáneo. Y Chico rebrota, se reencuentra de nuevo con las técnicas extractivas y aditivas de la escultura. Se ve de nuevo como cuando de chaval modelaba barro. Desde entonces a hoy, despacio, con la persistencia humilde del gota a gota, Chico comienza a dar vida a esculturas que tenéis el placer de contemplar en El Espacio para la Cultura 2016 de Larios Centro.

