Charrán ártico: el pájaro autónomo.
Pues vaya pájaro. Viaja de Groenlandia a la Antártida un par de veces por temporada, 700 km al día, 71.00 km al año. Así lo publicaba ayer El País en uno de esos reportajes que te dejan con el pico abierto.
Propongo que el Charrán sea la mascota oficial del currito autónomo: 700 km al día cuatro boquerones y volando vengo.
Al leer su historia reconozco al gaviotín agonizante que recogió mi santa a la orilla de la playa. Sucedió tras un temporal de levante invernal de esos que devora la arena de la playa de la Caleta. Hace un par de años. Íbamos caminando por la orilla de playa fisgando conchas, piedras y esos objetos pulidos y peculiares que vomitan las olas el tras la indigestión de mar gruesa. Y allí se encontró Bea al pájaro extenuado.-Se lo va a comer un perro o un gato- dijo y rápidamente le avió un refugio para que el pájaro se recuperase.
Al día siguiente el presunto charrán seguía allí. Entonces lo adoptamos. Bea lo metió en una caja de zapatos con una toalla y probó a alimentarle con atún. El bicho debía recuperarse bien porque daba unos picotazos como de Agencia Tributaria. Llamamos al SEPRONA. El ave quería sobrevivir. Los agentes nos comentaron que eran especies que venían de Norteamérica, de la costa Massachusestts o de las Azores según el itinerario y que debido al temporal aparecen por Málaga como un turista de crucero más, cuando las bajas presiones atmosféricas les sorprenden y alteran la ruta del GPS. Pues con un par de alas, luchando, como los autónomos, dando guerra hasta el final. Ignoro que fue del pájaro. Nos lo preguntamos a menudo en estas veladas de lluvia, brasero y mesa camilla.

