El Bel Cante
Tras un mullido fin de semana de siestas cuya banda sonora de chicharras y olas me ha apuntalado una sonrisa bobalicona inicio una semana fabril. Como de saga de los Rius, o esos burgueses empapelados en acciones bursátiles y desamores cornudos. De la catalanidad me he ilustrado en varios viajes por el Ampurdán, la costa, las mujeres bravas y las novelas de Mendoza, Ruiz Zafón o Vázquez Montalbán. Lo de Serrat no sirve porque es patrimonio de la humanidad.
Son los símbolos. Dentro de la comunicación, manejar el símbolo, el ejemplo es clave para provocar una emoción y pasar al acto. Acción de compra, rechazo o indiferencia.
El toros no, gracias, es tan respetable como simbólico. No hace falta prohibir, sólo dejar que los festejos se apaguen por inanición de aplausos, de plazas de toros vacías. En Canary Island no se celebran festejos taurinos porque no renta el negosi. Pero el objetivo es separar, crear polémica, hacerse la víctima y disimular lo que viene detrás.
Otro de los símbolos de la barretina federal es el del caso Liceo, al que le desafinan las cuentas y los milloncitos de euros que se han enchalecado en una interpretación operística del 3%.
Y al pairo de estos gestos simbólicos están los obrerés charnegos de Extremadura, Castilla y Andalucía que han alimentado a Cataluña. La maniobra de comunicación es certera un fuego para apagar otro fuego de dragón. Los toros opacan lo del Liceo, llega agosto y todos a desconectar y seguir pillando 3% hasta en 3D que es lo que toca.










